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La mujer maravilla 2

 

Sentí mucha vergüenza. ¿En qué momento había sentido el impulso de llamar a un absoluto desconocido de mi vida  y mi presente para que me ayude a juntar los pedazos de mí misma? La locura momentánea es siempre un buen turbo para devolvernos a la realidad. Bueno, a una humillante realidad.

Toqué fondo.

Me soné los mocos con servilletas, porque otra cosa que no tenía en mi vida era papel de baño y menos kleenex;  y fue entonces qué decidí hacer algo radical. Desenchufé todos los teléfonos y me preparé a esperar la muerte viendo películas en la tele; abrazada a una bolsa gigante de galletas de animalitos que compre para mis alumnos y  que era lo único que tenía en la alacena, además de un chocolate mega derretido como 10 veces que había perdido en mi bolsa que no he cambiado en meses, y unas papas abiertas que dejé en mi tocador, ah y unas gomitas que en su momento eran suaves, para saber cuántos años habían pasado en la obscuridad del fondo de mi bolsa-

Y comencé a ver películas, vi Dulces Dieciséis con Molly Ringwald, y yo querìa salir y encontrarme a mi “Jack”, afuera de la iglesia pasando por mí,  luego me aventé “Breakfast Club”, y yo esperaba ver a mí propio Judd Nelson  brincando de felicidad con el puño apretado en el aire sabiéndose amado por mí, sabiendo que me vería al día siguiente. Y seguían pasando películas de los 80’s la mayoría dirigidas por John Hughes, parecía un homenaje a las historias de amor tema del cuál a estas alturas de mi vida desconozco por completo, y remataron con digan lo que quieran con John Cussak, y yo estaba esperando que ese hombre que soñé estuviera afuera de mi casa con una grabadora pidiendo perdón, si perdón por haberme abandonado, por haber roto las promesas, por no saber lo que quiere, por de paso meterme en su remolino de sueños, metas, promesas, y yo no sabía si lo perdonaría o si no lo haría si viviría con el, si regresaríamos o no, pero el detalle de la grabadora por favor, eso era un must, con eso tendría el 70% ganado.

Luego de esta clase de amor de los 80’s me refugié en el  terror,  pero me encontré con  “La muerte le sienta bien” aquí sufrí por mi futuro incierto, quién me iba a arreglar si me descomponía si mi Bruce Willis me había dejado y no tenía una amiga que fuera mi némesis  ¿con quién me mantendría peleando por el resto de la vida?, si es que a eso le podrían llamar vida, y al final  y por cuatroscientava vez me avente completita  “Lo que el viento se llevó”. Entonces me di cuenta que no había captado el final. Nunca lo había entendido. Cuando Rhett Buttler la deja y no puede retenerlo, llora rendida sobre la escalera. De pronto recuerda las voces de todas las personas que la habían querido repitiendo: “saca tu fuerza de la tierra roja de Tara” (su hogar). Entonces es cuando dice uno de los párrafos míticos del cine y que siempre me hace llorar: "¡Tara!, es mi casa, tengo que volver. Mañana pensaré cómo recuperarlo, después de todo, mañana será otro día”.

Siempre pensé que lo que la llenaba de esperanza era el volver a su hogar, sentirse protegida y hacer borrón y cuenta nueva. Pero no. Volver a Tara, a la tierra por la que mintió, robó y mató durante las cuatro horas de la película, significaba encontrarse con la mujer luchadora que siempre fue; capaz de todo por pelear por lo que era suyo. Aunque hay algunas cosas de ella que no me encantan y que muchas no admiro. Cosas que hubiera hecho diferente, pero  supongo que siempre hay cosas buenas y cosas no tantas.

Entonces hice un rápido recuento de las mujeres a las que yo admiro. No las admiro por estar solas o acompañadas, ni por ser esposas, madres, novias, ni por ser amadas, odiadas, temidas o populares.

A estas mujeres que conozco, a las que conozco poquito, a las que no conozco personalmente  y a las que me gustaría conocer, las admiro por valientes. Por honestas; por no quedarse calladas.

Y entre el llanto y el imaginarme a mi misma viviendo con 40 gatos en una casa pequeña, a la edad de 80 y completamente sola, pensé: ¿hace cuanto tiempo que mi nombre no está escrito en mi propia lista?

Corrí a buscar una pluma, eso si de brillitos. Hice una lista y me inclui en ella.

No soy ninguna mujer maravilla, nadie lo es. Es un personaje de ficción que hizo famoso la guapísima de Linda Carter en los 70’s.

Hay días en los que no puedo con todo, muchos para ser honesta, no puedo con mi todo, con todo lo que vengo cargando, sea lo que sea. Sin embargo, lo que sí puedo hacer es pensar que cuando olvide temporalmente quien soy puedo recordármelo. Veré mi propia lista. Y no me voy a angustiar, ante las inclemencias del tiempo, total ya pensaré mañana en que es lo que se  puede hacer. Siempre puedo regresar a casa…a mi tierra.  Reencontrarme conmigo misma y recuperar mi paz, mi vida, mi tierra…