Los Pecadillos sexuales que si puedes cometer...
Los Pecadillos sexuales que si puedes cometer...
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Bk Aguado
Cuando estamos malas, malas de verdad nos metemos en la cama, pero porque no podemos volvernos más malas en la cama. Tantos años de cultura patriarcal, aconsejadas por nuestras madres en la infancia, y el colegio, pesan demasiado en nuestras conciencias.
¿Cómo podemos librarnos de esta piedra sobre nuestra conducta?
¿Cómo empezar a ser un poco malas?
He pensado que si hay que pecar, que tal hacerlo en grande. Los sexólogos, galanes, y maridos, coinciden: sólo las chicas malas consiguen verdadero placer en la cama. Al fin y al cabo, el sexo permite muchas variantes.
Qué te parecería introducir los pecados capitales en la cama.

Avaricia. ¿Eres demasiado tímida para ser más egoísta en la cama? Borra esta frase de tu mente “no importa si no llego al orgasmo. Nada, si deseas más juegos previos o más sexo oral, pídelo. Para muchas mujeres hoy día, el SEXO con letras mayúsculas es una grosería. Tienes que olvidarte de amabilidades, prejuicios y del miedo a resultar agobiante u ordinaria. Aunque se dice que el hombre necesita más sexo que las mujeres, a ellos de verdad les gusta que seamos más activas. Pide lo que quieres y se te concederá.
Ira. Muchas hemos podido comprobar como después de una pelea, puedes hacer el amor de manera apasionada. La ira crea energía, mientras que evitar los conflictos puede causar letargo y aburrimiento.

Envidia. A cualquiera nos da envidia ver a una pareja que lleva igual o más tiempo que nosotros con la nuestra llevarse muy bien. Y despedir esa energía sexual. Tratamos de no sentir envidia, pero es buena siempre y cuando la manejemos como debe ser. Dicen los expertos, que, la envidia puede impulsarnos a conseguir aquello que envidiamos. Convierte la envidia en fuente de inspiración. Si observas a una mujer o a una pareja que parece tener una vida sexual maravillosa, imítalos. Revive la pasión.
Soberbia. Piensa en esas mujeres que se contonean enfrente de un hombre con la seguridad de ser el objeto de su deseo. ¿No te encantaría hacer lo mismo? “Las mujeres no están orgullosas de su cuerpo porque solo ven imperfecciones”. “Los hombres se cansan de oír a sus mujeres diciendo que tienen los pechos pequeños, celulitis, y esto acaba por disminuir el deseo”.
“Siempre me comporto como si fuera una diosa del amor y consigo grandes orgasmos. Es una forma de respeto hacia mi misma que resulta un gran afrodisiaco”. El orgullo sexual no se consigue con un Wonderbra o un liguero sexy, sino sacando a relucir tu poder de atracción. Nuestros hombres a menudo medio calvos y flácidos, con panza chelera, sí que saben amarse a sí mismos.
¿Con quién harías el amor cada noche? Con Dany De Vito, pero que hace el amor como Tom Cruise o al contrario?
Admira las curvas de tu cuerpo, y fíjate como tu hombre lo hará también.

Pereza. Siempre he envidiado a esas mujeres que pueden quedarse todo el día en la cama con el fregadero lleno de platos, todo tirado. No saber ejercitar la pereza puede privarte de la espontaneidad y el abandono que requiere el sexo. La pereza es la hermana carnal del sexo. Cuando te casas o convives con un hombre, las tareas de la casa o las obligaciones te impiden perderte en la cama, pero puede que llegues a descubrir que la sexualidad es más importante que lavar los platos, u ordenar los armarios.
Gula. “En la primera cita que tuve con un galán, él observaba con satisfacción mi manera de comer”. Recuerdo que sonriendo me dijo “Bien, veo que te gustan los excesos”. Luego supe que el pensó que una mujer así no iba a defraudarlo en la cama. La cama no es un lugar para negarse a repetir, dos, tres o cuatro veces si hace falta. La gula es el afán desmedido por probar más allá de lo que quieres o necesitas. Si hasta hoy pensabas y creías que eras una mujer de un solo orgasmo reconsidéralo.
Lujuria. Ponte el disfraz de mujer fatal y seduce a tu víctima de manera letal, silenciosa e inesperada. Piensa en algunos de esos galanes de la pantalla o en los de los anuncios que te encantan. A menudo me despierto en la noche soñando con Vin Dissel, y miro a ese hombre con el que comparto mi cama, y veo como duerme plácidamente, ajeno a mi aventura mental. En esos momentos me siento afortunada.
Como una chica mala disfrazada de buena, puedo pecar en mis sueños y fantasías, y luego despertarlo para volver a hacer el amor.

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