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Igualita a mamá

 

La verdad es que son pocas las chavas que admiten que tienen estos raros parecidos. Nos es más fácil asumir la nariz aguileña materna que unos rasgos, sobre todo si son negativos. Y es que en el fondo sólo buscamos ser nosotras mismas. No nos gusta que nuestra personalidad quede superpuesta a la de nuestra mamá. La personalidad se supone que es personal e intransferible. Me he sentido como Dolly la oveja clonada, cuando me dicen: “Eres igualita a tu mamá”.

Y bueno aunque muchas madres confiesan que aunque quieren a sus hijos se sienten más identificadas con las hijas, y la relación es más estrecha, diferente mejor dicho.

A mi me frustra cada vez que me dicen que soy “igualita a mi mamá”. Siempre digo: no la que es igualita es mi hermana, incluso hay unas fotos, y casi casi las enseño para que se den cuenta de quien se parece más.

Ahora con los años he descubierto que lo obsesiva lo heredé de ella, lo sentida, pero también esa tenacidad de no dejarse vencer por nada ni por nadie, el orgullo bueno eso es aparte, por el orgullo heredado hemos perdido tantas cosas. La tenacidad es otra de ellas, y aunque físicamente luche por no ser como ella, ese aire de familia sigue ahí, no importa cuántos cambios me haga, es evidente. Sé que  hay hijas que se parecen menos a sus madres, yo no lo puedo evitar, no lo puedo negar.

Asumí nuestros parecidos, y te confieso que he vivido más tranquila, más a gusto con ella y conmigo, creo que hemos pasado esa época en la que ella me descalificaba por cualquier cosa, y yo la retaba, aún cuando vivimos juntas siempre he sentido que tiene una extraña conexión con mi hermana, que son cómplices, pero últimamente me he dado cuenta de que eso no es cierto, creo que somos más parecidas de lo que nos gustaría, ahora compartimos casi todo, nos contamos inquietudes, sueños, miedos, anhelos, y de cuando en cuando nos vamos juntas al cine, o a tomar un café, claro, que discutimos como todo el mundo, siempre recordando los roles, y sin faltar a la autoridad, hay días en que yo la regaño o ella a mi, vivimos una extraña relación madre –hija – amiga – cómplice.

 Creo que ella no lo llevo muy fácil con su madre, que era todo un caso, pero ella ha hecho lo que ha estado a su alcance y más. Yo espero que mis hijas si es que las tengo algún día, puedan tener la confianza que tengo con ella, y la amistad, la complicidad y el apoyo incondicional.

Te confieso que aún me revienta cuando ella llega a la cocina y le mueve a las ollas en las que estoy cocinando, que deja todos los libros regados por todas partes, que el día en el que le digo lo gorda que estoy ella se  pone a cocinar como si fuera día de fiesta, y prepara toda clase de platillos para engordar a un pavo antes de Navidad, me choca cuando llega mi hermana y platican por horas cuando nosotras no lo podemos hacer más que diez minutos diarios cuando nos encontramos en la cocina, o que no deja de chocarme que le compre ropa a mi hermano, y que se preocupe tanto por él, o que pase casi todos los fines de semana con mi sobrina y no podamos salir, siento que nos quita mucho tiempo.

 

Tal vez sea más sano admitir que tenemos más de nuestras madres de lo que quisiéramos que somos más parecidas, o a lo mejor con el diario convivir y con lo que se aprende se heredan cosas, que no nos damos cuenta hasta que alguien nos hace el comentario, ahhh esta es la sopa que hace tu mamá. Cuando nos damos cuenta de ese enorme parecido que tenemos con ella.

Y es que no hablamos del parecido físico, sino del de los gestos, actitudes, expresiones, todo esto nos hace “igualitas”. Claro que con uno que otro cambio para bien o para mal.

 

Pues solo puedo decir que ojalá y me parezca más a ella, en ese espíritu de lucha que tiene, en esa capacidad de levantarse después de una adversidad, claro que cambiaría unas cosas, pero ultimadamente ¿quién es perfecto? (DR*)