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Se me va

No sé  ser una mujer segura, confiada.

Bueno, digamos que no soy Margaret Tatcher, ni Pink, ni Gwen Steffani,  no siempre (hay que reconocer que a veces pasa, y no solo porque lleve un sombrero con frutas o el cabello verde que conste) entro en un salòn y todas las miradas vuelven a mí, quisiera entrar en una habitación, en un lugar, siendo la mujer màs segura del lugar, no importando cómo ni cuándo.

No sé bailar.

Bueno, digamos que no soy Tongolele, que bailo defendiéndome, pero yo lo que quiero es bailar como Fred Astaire, como Liza Minelli. Sentirme flotar en la pista de baile, que el cuijo no me diga que no sé bailar. Solo porque no bailo a su mismo estilo y ritmo.

No sé nadar.

Bueno, digamos que floto, que nado de perrito, que se flotar, y puedo sumergirme como Esther Williams. Pero  yo quiero nadar como Michael Phelps,  dar brazadas largas, tirarme de un trampolín, como los clavadistas de la quebrada, descender en picada; sumergirme como si fuera un elegante delfín. Quiero nadar en mar abierto.

Sin recordar de aquella vez que me  ahogué en una alberca concurrida.

Sin recordar el sabor agridulce de la muerte.

Quiero mantenerme serena cuando pierda el piso.

Quiero sentir que no peso. Quiero ser libre como pez. Quiero sentirme sirena. Quiero sentirme libre, y sentir que lo que hago lo estoy haciendo bien, que no tengo un rumbo fijo y definido pero que llegaré a donde sea, a donde se espera, a donde se supone, a donde quiero llegar, a donde debo llegar.

Que no importa lo que pase, que al final mi camino no es como el de nadie más, que mi camino es mío, y no se puede comparar con el de nadie; que los logros, los éxitos, los sinsabores, los fracasos, que no importa nada que de todas maneras lo logarè que voy a llegar, solo espero que el camino no sea tan empedrado como lo ha sido o como lo aparenta en muchas ocasiones.

 

No tengo hijos.

Y más de una persona me ha dicho con cara de preocupación mezclada con lástima que me apure, que se me va el tren. Què me aviente, que còmo sea, que vaya al banco, que me apure, que me tenía que haber embarazado ayer. Que cuando quiera nomás no podré.

El tren es mi fertilidad. El tren es el puñado de óvulos adultos que me quedan. El tren es mi hijo que viaja solo. Tristemente, cada mes que sangro lo recuerdo. Un óvulo menos sin fecundar. Uno menos y no sé cuántos me quedan. Y quisiera que me quedaran suficientes porque aùn no se si lo mìo de verdad es tener un hijo  o no, que el Cuijo no quiere,que no se que nos depare el futuro, que si sueño un cuijito, pero no lo sè. Y los ovulos siguen pasando, desfilando mes con mes.

 No tengo voz, canto como mi Fìgaro, pero quiero grabar con Luz Casal.

Me encanta ella. Frágil, poderosa. Me gusta como es. Le voy a pedir que cantemos ·”Piensa en mi”

Y no importa que me salgan gallos. ¿Quién no quiere cantar? Seguramente que  ella comprenderá.

 

No soy Meryl Streep, pero quiero actuar.En la próxima película de Almodovar ,  por ejemplo.

Antes de abandonar esta estación voy a llamar a mi tia Angèlica, o a mis primos  y decirles que se dejen de cosas. Que somos parientes.  Que aunque sea de extra. Total que no importa si me dicen que no, mejor si me dicen que sí.

 

Antes de que se me vaya el tren, quiero entrevistar a Alejandro Fernández, conversar con Obama, preguntarle a Vargas Llosa si perdonó a su papá, ver la final de un mundial en el mismísimo estadio, pintar un cuadro, hornear un brownie con Martha Stewart, dormir en El Cairo, viajar al Tíbet, aprender a dar masajes en Tailandia, conocer Londres, recorrer las calles de parís, correr una maratón, aprender a estornudar, leer El Quijote de un tirón, reportear la próxima olimpiada, entrevistar en televisión, bailar tango, casarme en la catedral, viajar al fin del mundo, comprar un coche, aprender a manejar, posicionar con éxito la revista, aprender a bailar tango.

 

Antes de que se me vaya el tren quiero escribir.

Escribir mi libro.

Escribir un guión.

Escribir.

Escribir por ejemplo que anoche soñé con Fidel Castro y Tom Hanks.

[Anoche pasaron en el cable El Código Da Vinci y leí que Fidel también usa Internet].

Escribir que antes de dormir cuijo  me dijo en el oído que si quiero puedo tener un hijo con él. Y que me envió un beso y luego colgó.

Antes de que mis grandes ojos se cerraran escribí. ¿Se me va el tren?

Me levanté, me lavé la cara, los dientes, y me dije a mí misma que el 25 de este mes cumpleaños  mi hermana, que cumple 40, casada dos veces, divorciada, ahora viuda y con una hija de 17; y que siempre está lejana,  al otro lado del mundo, al menos del mío.

Saqué cuentas:

Cuatro sobrinos.

Treinta y tantos años.

Casi año y medio con Cuijo.

Cero retrasos.

Cogí otra vez el lápiz y ahora si de verdad angustiada con letras grandes escribí.

Se me va el tren.

 

El teléfono me despertó. Las luces seguían prendidas, la tele y la compu también. Ujule para variar otra vez me había quedado dormida sobre la cama.

 

Sonó el teléfono, no, no era llamada era mi despertador.

Otra vez sonó, esta vez sí era el teléfono. Era Cuijo. Llamaba a despertarme, estaba acostado en su cama.

Lo peor de todo es que no sé si me dijo lo que dijo anoche o yo lo soñé.

Soy sonámbula. Hablo dormida. Se me va no sólo el tren, sino hasta el avión, me pierdo el hilo con facilidad, me cuesta mantenerme concentrada.

 

¿Hola Bonita, ya estabas despierta?, fue su saludo.

Le contesté con una pregunta.

¿Qué harías si sientes que se te va el tren?

Nada, me contestó,  como siempre.  Vivir y apreciar lo que tengo, nunca perder la esperanza.

Cuando a mí lo que me hubiera encantado que respondiera era: “Correr bonita,  Correr para que no me deje.  Y de paso jalarte a ti a mi lado, llevarte conmigo, tomar ese tren juntos”.

Pero la vida real no es como esas historias de princesas que leía una de chiquita.

¿Y tú? ¿Qué harías tú?, me preguntó. Yo ya me hice mil historias en la cabeza, querido Cuijo. Y a mí no solo se me va el tren, también el avión…